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dijous, 12 de maig del 2016

DONDE CREES QUE ESTÁ...... ¡¡¡NO ESTÁ!!!




Esta célebre afirmación, popularizada por la insigne terapeuta Ida Rolf, encierra una verdad que muchas veces nos pasa desapercibida. A lo largo de mi trayectoria profesional he aprendido a no dar por sentado que voy a solventar una disfunción, por muy evidente, simple y frecuente que parezca el caso que me presenta una persona cuando acude a mi consulta.
Y es que, cuando un cliente acude a nuestro gabinete aquejándose de molestias en una cierta parte del cuerpo, nuestra inercia inicial es dirigirnos hacia el punto del dolor para intentar solventar ese malestar acuciante. Esta inercia natural, nos impide realizar una observación del caso desde una perspectiva más amplia, olvidando que esas molestias pueden ser reactivas a disfunciones que se encuentran en otra zona del cuerpo, en ocasiones muy alejada del punto donde han saltado las “alarmas”. 

Un claro ejemplo de este cuadro de dolor reactivo serían las molestias cervicales ante una rectificación de la lordosis de las vértebras cervicales (ver figura n.1).

Figura n.1



En esta imagen podemos observar una rectificación cervical, y como la lordosis cervical no sólo ha desaparecido, sino que existe una cierta cifosis en las vértebras cervicales medias.

Generalmente, una rectificación cervical aparece después de un traumatismo donde ha habido una compresión de las facetas articulares de las vértebras cervicales y, al inflamarse, han provocado la rectificación para crear espacio entre ellas y aliviar la inflamación*. Este cuadro es más frecuente en personas con un cuello largo y fino, que en las personas que poseen un cuello más corto y robusto. Este cuadro es un mecanismo defensivo que aparece ante una situación de peligro para la columna. La musculatura responsable de mantener en esta posición a las vértebras cervicales no es otra que la musculatura prevertebral (ver figura n.2).    

Figura n.2


1.Largo de la cabeza, 2.Largo del cuello



Los músculos largo de la cabeza y largo del cuello, que están situados por delante de las vértebras cervicales, son los principales responsables del mantenimiento de la rectificación del cuello.

Efectivamente, serán los músculos que se ubican justo en la cara anterior de los cuerpos vertebrales los que provocarán la rectificación. Los músculos largo de la cabeza y largo del cuello, al flexionar el cuello y la cabeza y flexionar las vértebras entre si, crean espacio en las carillas articulares, liberando la compresión y aliviando el dolor. Si, una vez desaparecido el cuadro inflamatorio y, por motivos diversos, se mantuviera el patrón muscular, esta musculatura entrará en hipertonía y mantendrá la rectificación de la lordosis cervical, aun cuando la causa inicial ya no esté presente.

Cuando este cuadro, una vez desaparecida la inflamación, se mantiene en el tiempo, crea un patrón postural nuevo para la persona. Ante este nuevo patrón la musculatura situada en la cara posterior del cuello entrará en espasmo defensivo intentando extender el cuello para recuperar la lordosis cervical y su normal fisiología (ver figuras n.3 y 4).

 Figura n.3                                       Figura n.4

Figura n.3: 1.Esplenio de la cabeza

Figura n.4: 1. a 4. Músculos suboccipitales, 5. Rotadores vertebrales largos y cortos del cuello, 6. Semiespinoso de la cabeza.

Cuando esta musculatura posterior del cuello, que se encuentra en desventaja mecánica pues se halla estirada por la flexión cervical y trabajando en excéntrico, no pueda conseguir normalizar a las cervicales, entrará también en espasmo. Estos músculos serán los primeros que se “quejarán” provocando malestar y molestias en la cara posterior del cuello, quedando la musculatura prevertebral, la principal causante del problema, en un segundo y “silencioso” plano.

Aquí es cuando aparece la paradoja que da título a este artículo; si seguimos nuestra inercia de trabajar donde la persona nos relata su malestar, podemos encontrarnos con que habremos trabajado durante varias sesiones la musculatura de la cara posterior del cuello, sin conseguir mitigar ni un ápice los síntomas del malestar, e incluso en muchos casos, los síntomas empeoran sin que le encontremos un sentido aparente.

Un ojo entrenado en el análisis postural, el relato de la persona que nos indica que puede estar presente un cuadro de rectificación del cuello y la palpación  de la musculatura prevertebral, nos puede hacer intuir la presencia de una deslordosis cervical, que en el mejor de los casos una radiografía nos confirmará.

Una vez confirmada la rectificación cervical, el abordaje de la sintomatología de este estrés postraumático, será liberar primero a la musculatura situada en la cara anterior del cuello, para ir progresivamente devolviendo el tono, longitud y fisiología a la musculatura extensora del cuello y cabeza.


* Las causas de la aparición de la rectificación cervical pueden ser múltiples, por lo que debemos asegurarnos que se ha descartado todo tipo de lesión mediante un diagnóstico realizado por personal sanitario.

Autor:  Josep Ferrer
Fotos:  Josep Ferrer

dijous, 3 de desembre del 2015

Glúteo menor

Tercer artículo de la serie de estructuras que pueden simular un dolor de tipo ciático. El glúteo menor cuando entra en disfunción puede causar unos signos y síntomas muy intensos que harán que la persona dude si tiene un problema con el nervio ciático.

Este es el más profundo y de menor envergadura del conjunto de músculos glúteos. Músculo dispuesto en abanico, a nivel proximal, su inserción en la pelvis se halla en la superficie externa del hueso iliaco, entre las líneas glúteas anterior e inferior. Distalmente se inserta, por medio de un tendón, en la cara anterior del trocánter mayor del fémur, por su parte más superior.
La principal función de este músculo, cuando trabaja con todas sus fibras, es la de realizar la abducción de la pierna. Puesto que esta dispuesto en abanico, si actúan las fibras más anteriores, situadas por delante de la de la línea media de la cadera, serán rotadoras internas y flexoras de la cadera. Si por el contrario, actúan las fibras dispuestas por detrás de la línea media, este músculo realizará la extensión y rotación externa de la cadera, pero hemos de destacar que esta última función es mucho menos efectiva que la anterior.


Cuando este músculo sufre una disfunción, el dolor el dolor se localizará a nivel local y el dolor referido que puede presentar nos llegará, en los casos más extremos hasta el tobillo, habiendo recorrido la cara lateral del muslo y la pierna. Este dolor puede muy agudo y dificultar la normal deambulación de la persona. La persona nos puede referir que el dolor la despierta por la noche si duerme del lado afectado, y que después de estar sentado un rato, la persona tiene dificultad en incorporarse y mantenerse de pie, siendo dificultosos, los primeros pasos por la intensidad del dolor.

Liberación manual del Piriforme: para conseguir relajar este músculo y que desaparezcan todos estos síntomas vamos a realizar un  masaje que abarque  toda la zona glútea, nos aseguraremos que estamos trabajando lo suficientemente profundo como para llegar a contactar con el glúteo menor, pues este es un músculo profundo (el masaje nunca será aplicado de una forma agresiva).
Una vez localizado el punto exacto donde se halla este músculo realizaremos una suave, pero firme presión, hasta conseguir relajar profundamente al glúteo menor ayudando a que desaparezcan estas molestias.



Autor: Josep Ferrer
Imatge: Josep Ferrer

dimarts, 1 de setembre del 2015

¿ES GRAVE? (2)

En este capítulo vamos a abordar el tema de la tan famosa y mal comprendida “Ciática”. En efecto, si una persona sufre una alteración del nervio ciático, los síntomas y signos que presente van a ser muy graves pero, afortunadamente esta es una disfunción poco frecuente y a menudo es confundida por otro tipo de problemas mucho más benignos de los que aquí vamos a describir los más importantes.

En primer lugar hablaremos del piriforme, músculo clave en la estabilidad de la pelvis y de la cadera, teniendo una estrecha relación con el nervio ciático por su proximidad anatómica.


PIRIFORME

El piriforme es un pequeño músculo situado en la región sacra, originándose en la cara anterior y externa del sacro para insertarse en la superficie superior del trocánter mayor del fémur. Él es un rotador externo y abductor del fémur.
Cuando este músculo entra en espasmo puede desencadenar un dolor que abarque toda la nalga, la cara posterior del muslo llegando, cuando el dolor es muy agudo, hasta la planta del pie, simulando un dolor de “nervio ciático”. Se han descrito casos en los que aparece dolor en la defecación, y en los más graves pueden aparecer disfunciones sexuales, tanto masculinas como femeninas, causadas por una disfunción en este músculo. Podemos ver pues, que este es otro músculo candidato a confundir, con sus síntomas, a la persona que los sufre y que ésta llegue a pensar que padece un mal mucho más grave del que en realidad tiene.

Liberación del Piriforme: para conseguir relajar este músculo y que desaparezcan todos estos síntomas realizaremos un  masaje por toda la zona glútea, asegurándonos que trabajamos  lo suficientemente profundo como para llegar a contactar con el piriforme, pues este es un músculo profundo (de todas formas el masaje nunca será aplicado de una forma agresiva). Cuando hayamos  localizado el punto exacto donde se halla este músculo realizaremos una suave, pero firme presión, hasta conseguir relajar profundamente al piriforme ayudando a que desaparezcan las molestias.

No debemos olvidar que, según Beaton y Anson (1938), al menos en un 11% de la población, el nervio ciático, al salir de la pelvis en dirección a la extremidad inferior, atraviesa el vientre muscular del piriforme, quedando expuesto a posibles disfunciones por un exceso de tensión en este músculo. Sin lugar a dudas, si una vez liberado de estrés el piriforme, la persona sigue refiriendo las mismas disfunciones antes descritas, deberemos remitirlo al profesional sanitario pertinente.

Autor: Josep Ferrer
Imatge: Josep Ferrer